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Patrones inconscientes y cortisol: cuando vivir se convierte en sobrevivir

¿Sabías que un exceso prolongado de cortisol puede afectar seriamente a la salud? Pero hay un matiz importante: vivir con estrés y tener un exceso patológico de cortisol confirmado no son lo mismo.

Quiero hablar de ello con palabras humanas. De cómo el cuerpo y nuestra vida interior pueden quedar atrapados en un círculo. Y de dónde puede empezar a abrirse una salida.

Cuando solo tienes fuerzas para aguantar el día

Te cuesta concentrarte. Los planes se van al traste. La memoria falla y, por la mañana, quieres quedarte bajo las mantas. Hasta lavar los platos se convierte en un proyecto. En tus relaciones vuelves a ceder, a callar, a quedarte sin espacio para ti.

¿Te suena?

Estas experiencias merecen atención. Pero no permiten conocer tu nivel de cortisol. El cansancio, las alteraciones del sueño y los cambios de peso pueden tener distintas causas. Una evaluación sirve para comprender qué ocurre, no para confirmar la primera explicación que se nos ocurre.1

En el síndrome de Cushing, relacionado con un exceso prolongado de cortisol, se describen redistribución característica de la grasa, cara redondeada, debilidad muscular, hematomas frecuentes y estrías anchas violáceas. También pueden aparecer alteraciones del ánimo y la memoria, infecciones y cicatrización lenta. Es un cuadro clínico que necesita diagnóstico médico, no una prueba de «posición de víctima».2

Qué ocurre en el cerebro

Necesitamos el cortisol. Participa en la movilización de energía y en la regulación de la inflamación. El problema está en el exceso prolongado o en alteraciones del sistema de respuesta al estrés.1

La investigación describe cómo el estrés y los glucocorticoides participan en cambios de las conexiones neuronales y la transmisión sináptica. Importan la dosis, la duración y las condiciones. Buena parte de los datos sobre mecanismos procede de animales; los cambios pueden reflejar adaptación, no muerte neuronal.3

También hay datos en personas: en pacientes con enfermedad de Cushing, tras el tratamiento y la reducción del cortisol aumentó el volumen previamente reducido del hipocampo, una región vinculada a la memoria. Es un grupo concreto de pacientes, no una prueba de que el cerebro de toda persona cansada se esté «destruyendo».4

¿Da miedo? A mí también me parece que hay esperanza. Decimos «se ha roto para siempre» demasiado pronto, cuando la realidad es mucho más compleja.

Estrés, inflamación y ese círculo

El cortisol suele ayudar a contener la inflamación. En el estrés crónico se estudia otro mecanismo: una menor sensibilidad de las células a los glucocorticoides. En dos estudios con exposición experimental a rinovirus, esa menor sensibilidad se relacionó con el riesgo de resfriado y una respuesta inflamatoria más intensa.5

Por eso, la fórmula «el cortisol sube los leucocitos y, por tanto, todo el organismo está inflamado» simplifica demasiado. Un indicador de un análisis no explica la historia completa.

La relación entre estrés y cuerpo también se investiga por otras vías: en un pequeño estudio, las heridas cutáneas experimentales de personas que cuidaban a familiares con demencia cicatrizaron más lentamente que en el grupo de comparación. No demuestra que cada pequeña herida tuya tarde en curarse por el cortisol.6

Además, estrés crónico no significa cortisol siempre alto. Un metaanálisis encontró resultados heterogéneos; importan el tipo y la duración de la situación estresante.7

En la experiencia cotidiana, el círculo puede sentirse así: duermo mal, me cuesta afrontar el día, me reprocho lo que no consigo, me tenso más y otra vez no puedo descansar. Aquí describo una posible experiencia, no una cadena universal de resultados analíticos y reacciones químicas.

De dónde vienen los patrones habituales

Llegamos a la parte que más me interesa en mi trabajo.

A veces una persona vive como si tuviera que ganarse el derecho a recibir cariño. Ser fácil de tratar. No discutir. Adivinar el estado de ánimo del otro antes de escuchar el propio. No pedir demasiado.

En otro momento, esto pudo ayudarla a mantener el vínculo con personas importantes. Hoy las circunstancias son distintas, pero por dentro sigue escuchando: «Si me elijo a mí, dejarán de quererme».

La adversidad temprana se investiga en relación con la salud posterior. Por ejemplo, un estudio longitudinal encontró una asociación entre maltrato infantil y marcadores elevados de inflamación en la edad adulta. Una asociación no es un destino inevitable ni permite deducir la causa de la enfermedad de una persona a partir de su biografía.8

Hoy no diría que sobrevivir siempre equivale a una «posición de víctima» implantada por los padres. Puede haber condiciones de vida realmente difíciles, enfermedad, violencia, falta de dinero y apoyo. La responsabilidad por la violencia corresponde a quien la ejerce.

La investigación sobre indefensión aprendida ayuda a pensar en la experiencia de falta de control. Sin embargo, buena parte de esta tradición se basa en experimentos con animales. No es un diagnóstico de «víctima» ni demuestra que tus pensamientos hayan causado un exceso de cortisol.9

«Empieza una nueva vida». ¿Y las fuerzas para hacerlo?

Duerme bien. Medita. Haz ejercicio. Cuida la alimentación. Pon límites.

Buenas palabras. Pero ¿cómo te cae esta lista cuando ya no tienes fuerzas? A veces se convierte en otra prueba de tu supuesto fracaso: «Ni siquiera sé cuidarme como es debido».

«Deja de ser una víctima» puede sonar igual. La persona ya está sufriendo y encima le pedimos que se avergüence de sufrir.

Prefiero otra pregunta: ¿qué te mantiene en esta forma de vivir y qué intenta preservar todavía?

Si aceptas algo que no deseas, ¿qué temes perder? Si no puedes pedir, ¿qué reacción del otro se vuelve casi insoportable? Si te enfadas contigo por estar cansado, ¿de quién es la voz que escuchas en esa exigencia?

No son preguntas con una respuesta preparada. Son el comienzo de una exploración.

Trabajo profundo y recuperación de la capacidad de elegir

En Process Work me interesa especialmente el momento en que la forma habitual de una persona de ser ella misma empieza a revisarse. Entonces aparece espacio para una nueva posición en la vida, un nuevo estado, una nueva perspectiva.

Podemos prestar atención a lo que aún cuesta expresar: una tensión, una imagen, un movimiento, un «no» muy suave que apenas se oye detrás del habitual «sí».

Sin obligarnos a convertirnos de inmediato en otra persona. Acercándonos a esa parte de nosotros que durante tanto tiempo no ha tenido lugar.

A veces el primer paso es pedir tiempo antes de responder. Otras veces, reconocer un deseo sin actuar todavía. O buscar ayuda para no afrontar a solas las circunstancias reales.

Para mí, la imagen del Creador representa la posibilidad de participar poco a poco en la propia vida. No significa poder hacerlo todo. Significa distinguir qué depende de mí, dónde necesito apoyo y qué no puedo cambiar ahora.

El trabajo psicológico no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de una enfermedad endocrina. Los estudios citados no demuestran que Process Work normalice el cortisol. Conviene hablar de la medicación prescrita con el médico que te atiende: buscar ayuda médica también es cuidarte.

Pero sí podemos explorar nuestros modos habituales de responder, escuchar nuestras necesidades y buscar apoyo. Juntos, a tu ritmo.

Si te reconoces en este texto, te invito a una sesión individual. Podemos explorar tu círculo y el lugar donde empieza a abrirse la posibilidad de elegir.

Marina Ivannikova Shvets. Especialista en desarrollo personal desde el enfoque Process Work y creadora de Talvira. Es necesario reservar cita.

Fuentes y notas

1. NIDDK / NIH. Cushing’s Syndrome. Información clínica sobre cortisol, signos y diagnóstico del síndrome de Cushing.

2. Nieman L. K., 2015. Cushing’s Syndrome: Update on signs, symptoms and biochemical screening. Revisión clínica, European Journal of Endocrinology.

3. McEwen B. S. et al., 2015. Mechanisms of stress in the brain. Revisión de mecanismos, Nature Neuroscience; participan investigadores de Rockefeller University. DOI: 10.1038/nn.4086.

4. Starkman M. N. et al., 1999. Decrease in cortisol reverses human hippocampal atrophy following treatment of Cushing’s disease. Estudio de pacientes, Biological Psychiatry. DOI: 10.1016/S0006-3223(99)00203-6.

5. Cohen S. et al., 2012. Chronic stress, glucocorticoid receptor resistance, inflammation, and disease risk. Dos estudios de exposición experimental a un virus, PNAS. DOI: 10.1073/pnas.1118355109.

6. Kiecolt-Glaser J. K. et al., 1995. Slowing of wound healing by psychological stress. Estudio de cicatrización de heridas experimentales, The Lancet. DOI: 10.1016/S0140-6736(95)92899-5.

7. Miller G. E., Chen E., Zhou E. S., 2007. If it goes up, must it come down? Chronic stress and the hypothalamic-pituitary-adrenocortical axis in humans. Metaanálisis, Psychological Bulletin. DOI: 10.1037/0033-2909.133.1.25.

8. Danese A. et al., 2007. Childhood maltreatment predicts adult inflammation in a life-course study. Estudio longitudinal de cohorte, PNAS. DOI: 10.1073/pnas.0610362104.

9. Maier S. F., Seligman M. E. P., 2016. Learned helplessness at fifty: Insights from neuroscience. Revisión de la investigación sobre indefensión aprendida, Psychological Review.

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